Mensaje de S. E. Mons. Pedro
Pablo Elizondo Cárdenas, L. C.
12 de mayo de 2013
1. En el mundo de
hoy vemos con asombro crecer el espíritu del mal: Sigue creciendo el número de
asesinatos en el país, sigue deteriorándose la vida moral de los jóvenes,
siguen descomponiéndose las instituciones públicas. Los niños prueban el
alcohol, la droga y el sexo cada vez a más temprana edad y fácilmente caen en
esas adicciones. Crece el número de adolescentes embarazadas, crece el número
de pandillas de delincuentes. Crece la violencia intrafamiliar, crece el número
de divorcios y también sigue creciendo la enfermedad de la depresión y los
suicidios. Ante esta situación algunos se preguntan hasta dónde vamos a llegar.
Cuándo se va a frenar esta descomposición y deterioro de las familias y de la
sociedad. Es como si una mancha negra de petróleo avanzara silenciosa pero
eficazmente en el mundo, sin poder detener su avance.
2. Hoy Cristo al
subir victorioso y glorioso a los cielos nos deja su mensaje: Yo triunfé del mal y de la
muerte y yo los quiero trasladar de las tinieblas de la esclavitud a mi Reino
de Paz, de Luz y de Amor. Cristo hoy nos quiere decir, que la última palabra no
la tiene el mal, el pecado, las tinieblas, ni la muerte. Que la última palabra
no la tiene el espíritu del mal, sino el Poder de la Vida. Cristo al subir al cielo
nos confirma que Él es el Rey de reyes y Señor de señores. Y que su Reino ya ha
comenzado, que su Reino seguirá creciendo en el corazón de las almas. Que su
Reino es Justicia, Amor y Paz. Que su Reino de Luz, vencerá el reino de las
tinieblas. Su Reino de Vida vencerá al reino de la muerte. Su Reino de Santidad,
vencerá al reino del pecado.
3. Pero la victoria
de su Reino viene de lo alto de la fuerza del Espíritu Santo, que el Padre prometió y que
Cristo nos envía desde el cielo. Es una fuerza poderosa y avasalladora que nos
santifica, que nos fortalece para vencer el mal a fuerza del bien. Es una
fuerza superior a la fuerza humana y a la fuerza diabólica. Basta que dejemos
actuar siguiendo sus inspiraciones y sus impulsos. Si somos del Espíritu Santo,
si hemos sido ungidos por el Espíritu Santo, caminemos según el Espíritu Santo,
vivamos según el Espíritu Santo. Él es un huésped muy respetuoso. Si no le
hacemos caso, no nos forzará, no nos obligará. Siempre nos deja libres para
vencer el mal con la fuerza del bien. Si Cristo ya venció, nosotros también
venceremos con la fuerza del Espíritu Santo. Preparémonos para recibirlo con
fe, con confianza, con amor el día de Pentecostés, para que pueda iluminar
nuestra mente, fortalecer nuestro espíritu y encender nuestro corazón.

